Aunque muchos medios han repetido que Madrid llevaba “20 años” sin actualizar su «logotipo», la realidad es distinta. El Ayuntamiento sí realizó un rediseño importante en 2016, desarrollado por Ale Salerno, donde se simplificaron composiciones, se ajustó la paleta cromática y se ordenó el sistema visual. Aquella revisión buscaba corregir inconsistencias y modernizar el uso institucional, aunque manteniendo el estilo general y la estructura heredada de 2007.
El cambio al que se refieren estos medios consiste en el rediseño del símbolo compuesto por el escudo con el oso y el madroño, esto sí que no se había tocado desde hace décadas.
Un movimiento relevante para cualquier diseñador, porque pocas ciudades tienen un símbolo tan arraigado como el oso y el madroño.



Una actualización que busca claridad y versatilidad.
El nuevo logotipo conserva los elementos esenciales del escudo:
- El oso.
- El madroño.
- La corona.
- Las siete estrellas, ahora colocadas sobre el conjunto.
El objetivo de esta simplificación, según el Ayuntamiento, es mejorar su funcionamiento en entornos digitales: redes sociales, aplicaciones, señalética de pequeño formato o cualquier soporte donde el escudo tradicional perdía legibilidad por exceso de detalle.
En ese sentido, la actualización cumple su papel. La anterior versión funcionaba bien en soportes impresos de gran tamaño, pero sufría cuando se reducía.
La tendencia global hacia identidades más minimalistas –Barcelona dio un paso similar hace apenas unos meses– también ha influido en este cambio.
Tipografía Chulapa: tradición madrileña en clave contemporánea.
Uno de los aciertos del proyecto es la elección de La Chulapa, una tipografía basada en la realizada por Ruiz de Luna para el callejero histórico de Madrid, producida por Joan Carles Casasín y Pablo Gámez sobre una idea original de Silvia Fernández Palomar.
De uso libre y de origen madrileño, su estética inspirada en el histórico callejero cerámico de la ciudad aporta un carácter local reconocible y con personalidad. Además, su construcción de palo seco manual encaja con la estética cercana que buscan muchas instituciones públicas en la actualidad.
Aquí, el Ayuntamiento acierta: es una tipografía con identidad propia y con arraigo cultural, y evita caer en lo genérico o excesivamente neutro.
Un trabajo a coste cero… y un debate abierto.
El Ayuntamiento ha insistido en que el proyecto no ha tenido coste porque ha sido desarrollado internamente por la Dirección General de Comunicación.
Sin embargo, esta decisión ha generado críticas en el sector del diseño:
- Se echa en falta un concurso público.
- Un proceso más participativo.
- Un desarrollo más profundo que incluya sistemas visuales, normas de uso o aplicaciones.
El diseño gráfico no es un gasto superfluo, sino una inversión que impacta directamente en la imagen de una ciudad y en su comunicación institucional.
Una identidad visual bien desarrollada mejora la percepción de profesionalidad, facilita que los mensajes municipales se comprendan mejor y aporta coherencia a toda la comunicación. Además, un sistema visual sólido ahorra recursos a largo plazo, ya que evita errores, improvisaciones y rediseños constantes. En definitiva, el diseño no solo embellece: refuerza la marca ciudad y mejora su capacidad de comunicar con claridad y eficacia.
El diseño gráfico no es un gasto superfluo, sino una inversión que define cómo una ciudad se comunica y se proyecta al mundo.
El gran reto: simplificar sin perder identidad.
Simplificar un escudo como el de Madrid es siempre un desafío mayúsculo. Equilibrar historia, simbolismo y funcionalidad es complejo, y el resultado nunca deja indiferente.
Dicho esto, la nueva versión funciona mejor que la anterior en cuanto a claridad y legibilidad. El oso mantiene su esencia y se reconoce con facilidad incluso en tamaños reducidos.
Pero hay un punto débil claro: el madroño.
En esta versión, su simplificación extrema hace que pierda carácter y se diluya visualmente. Para quienes no conozcan previamente el emblema madrileño, la forma puede resultar ambigua. El conjunto queda un poco desequilibrado: oso reconocible, árbol demasiado abstracto.
Hubiera sido interesante explorar alternativas que preservaran más personalidad sin sacrificar limpieza.
Conclusión.
- Referencias:
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